Envases inteligentes
La revolución de los envases inteligentes
24/04/23 | Publicado por TheCircularLab

A principios del siglo XIX, surgieron dos inventos que llegaron para revolucionar la industria alimentaria: el envasado en tarros de cristal y las latas de conservas, inspiradas en el mismo sistema de cierre al vacío. Estos inventos abrieron la posibilidad de comercializar alimentos que de otra forma hubieran perdido su calidad en cuestión de días, y transformaron nuestra manera de consumir.  

La industria de los envases alimentarios siguió evolucionando y creciendo con la llegada del plástico de tal modo que hoy los envases son los protagonistas de los supermercados, donde los productos frescos sin envasar ocupan sólo una pequeña porción.  

En este contexto es donde llegamos a la tercera revolución de los envases para alimentos con la llegada del smart packaging o los envases inteligentes. 

¿Qué son los envases inteligentes? 

La función de cualquier envase es proteger los alimentos que contiene en su interior de agentes externos como el aire, pero también de la luz, los cambios de temperatura, golpes… Normalmente, cada alimento se envasará en un continente acorde a sus necesidades (la leche tiene unas necesidades distintas de las del queso o los cereales). Actualmente los envases además proporcionan información a los consumidores acerca de la fecha de consumo recomendada, ingredientes, valor nutricional… 

Los envases inteligentes añaden un nivel adicional de protección e información, ya que ayudan a los centros de almacenamiento y distribución, incluso al consumidor, a obtener información adicional sobre el producto que contienen: su conservación, manipulación, transporte o almacenaje.  

¿Para qué sirven? 

El uso de envases inteligentes permite conocer en profundidad el estado del alimento de un modo que antes hubiera sido impensable, pero también sirve para rastrear productos o para informar de procesos que ha sufrido, como por ejemplo la rotura en la cadena de frío de un producto (o serie de productos), o fallos en el proceso de pasteurización, lo cual, en caso de normalizarse contribuiría a evitar problemas de salud pública como las intoxicaciones. Pero además, nos encontramos con que esta es un arma de gran valor a la hora de reducir los desechos alimentarios, ya que gracias al envase inteligente es más fácil decidir en qué momento se debe forzar por ejemplo la venta de un producto (que de otro modo podría ponerse en mal estado y convertirse en un residuo alimenticio).  

Cómo funcionan  

Los envases inteligentes están dirigidos, principalmente, a profesionales de fábrica y almacenamiento y no tanto a los consumidores. Su objetivo es garantizar que los productos alimenticios mantienen una calidad óptima desde que salen de fábrica hasta que los encontramos en los lineales de los supermercados.  

Este tipo de envase recurre a diversos sistemas para proporcionar información. En primer lugar, encontramos los indicadores, que están en contacto con el alimento y son capaces de dar información acerca de los procesos químicos que se producen en su interior. Pueden ser de diferentes tipos:  

  • Indicadores de tiempo-temperatura. Este tipo de indicador permite monitorizar si el envase ha estado a una temperatura superior a la recomendada. La temperatura produce cambios de color en el indicador que son irreversibles.  
  • Indicadores de fuga. Controla, principalmente, la entrada de oxígeno y dióxido de carbono en los envases, lo que nos informa sobre envases rotos o con fallos (cuando se trata de productos envasados al vacío), y, por tanto, de una alteración en el estado de conservación que perjudicará la calidad del alimento.  
  • Indicadores de grado de frescura. En este caso, el dispositivo nos avisa sobre la frescura del producto atendiendo a los procesos químicos que sufre en su deterioro. Por ejemplo, en el caso de la fruta, el nivel de etileno que detecta una pegatina nos permite conocer su grado de maduración, pero es posible medir dióxido de carbono, compuestos sulfúricos, glucosa, sulfuro de hidrógeno… de modo que este sistema es aplicable a infinidad de alimentos. 
  • Indicadores de patógenos. Se trata de un indicador utilizado en carnes y pescados envasados, que informa sobre la aparición de microorganismos que pongan en peligro la salud del consumidor.  
  • Indicadores de color. Este tipo de indicador también alude a la temperatura, pero normalmente se utiliza para dar indicaciones sobre consumo en el caso de productos para los que el fabricante ha establecido una temperatura idónea (por ejemplo, alimentos calentados al microondas o bebidas que se recomienda consumir muy frías).  

En segundo lugar, encontramos las etiquetas RFID (radio-frequency identification), otro tipo de sistema al que recurren los envases inteligentes. Es una tecnología que tiene como objetivo la identificación y registro de datos acerca del producto (localización, fecha de envasado, precio, origen o trazabilidad). Cuando estas etiquetas entran en el radio de acción del lector, la información es captada automáticamente y es el propio lector quien comunica la información sobre producto al sistema. Estas etiquetas se emplean habitualmente en los productos de más valor para rastrearlos y en ocasiones se usan como sistema antirrobo. 

Envases Activos 

 Merecen mención especial los envases activos que, aunque no se trata de envases inteligentes en sentido estricto, representan una evolución muy relevante en el ámbito del packaging 

 En este caso, se trata de envases que tienen como objetivo mejorar la seguridad alimentaria, preservar la calidad del alimento envasado y/o alargar su vida útil, pero no siempre aportan información.  

Este tipo de envase funciona mediante dos sistemas: por un lado, encontramos la introducción del elemento activo en el interior del envase junto con el producto (como por ejemplo los envases capaces de calentar o enfriar el alimento que contienen gracias a la reacción química de elementos contenidos en una cámara separada del alimento). Por otro lado, tenemos la incorporación del elemento activo en el propio material del envase en forma de aditivo (de modo que el alimento se beneficia de ella ya sea porque evita la aparición de microorganismos, ralentiza su deterioro…). 

 Los envases, ya sean activos o inteligentes abren un océano azul en el que la ciencia se convierte en el aliado perfecto. La clave en este punto es descubrir fórmulas que garanticen la calidad sin descuidar sostenibilidad.

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