El camino para alcanzar los objetivos de la agenda 2050

26/12/2018

Las empresas y gobiernos se afanan en cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con el año 2030 como horizonte temporal. Sin embargo, la agenda 2050 marca el horizonte definitivo para la descarbonización total y la estabilidad planetaria, planteando un reto que va mucho más allá de las tasas de reciclaje: exige la completa desmaterialización de la economía.

Para llegar al objetivo 2050 y garantizar un estilo de vida saludable y próspero dentro de los límites físicos del planeta, no bastan los ajustes cosméticos ni las campañas de concienciación superficiales. Es necesario un cambio radical en la gestión de la demanda hacia una autonomía más suficiente y una reestructuración profunda de los incentivos fiscales y productivos.

Los objetivos de la agenda 2050: ¿por qué no basta con reciclar?

Si la Agenda 2030 establece las bases y urgencias a corto plazo, los objetivos de la agenda 2050 definen la meta final de la civilización industrial. Según un informe reciente del Instituto para la Política Ambiental Europea (IEEP), para que el futuro sea viable, la ciudadanía europea deberá haber reducido en un 80% la cantidad de recursos que emplea actualmente.

Esta cifra es impactante porque pone de manifiesto la magnitud del desafío: debemos reducir cuatro quintas partes de los recursos que consumimos en alimentación, vivienda, movilidad y otras necesidades ajustadas a nuestro estilo de vida actual.

El documento del IEEP es crítico con la situación actual. Afirma que, pese a la progresiva incorporación de los principios de la economía circular en las políticas de innovación de la Unión Europea y sus Estados miembros, las medidas adoptadas hasta la fecha son insuficientes. La estrategia vigente se ha centrado excesivamente en aumentar las tasas de recogida y reciclado, reducir los vertederos y crear mercados para las materias primas secundarias.

Aunque estos pasos son necesarios, el informe asegura que son «insuficientes para dar lugar a un cambio de paradigma en el uso de los recursos» y que plantean objetivos inadecuados para proporcionar una dirección clara hacia la sostenibilidad real. El reciclaje es el final de la tubería; la agenda 2050 para el desarrollo sostenible exige cerrar el grifo al principio, reduciendo la entrada de materiales vírgenes en el sistema.

Medidas propuestas para alcanzar los objetivos de la agenda 2050

Para cumplir con la agenda 2050 para el desarrollo sostenible, los expertos del IEEP, junto a think tanks y sector privado, proponen una hoja de ruta que integre la economía circular en los objetivos de desarrollo sostenible de manera estructural.

Las medidas clave incluyen:

¿La agenda 2030 y la 2050 son lo mismo?

Es crucial distinguir entre ambos horizontes para no caer en la complacencia. La Agenda 2030 de las Naciones Unidas actúa como un marco de acción urgente a medio plazo (los ODS), mientras que la visión a 2050 representa la consecución final de la neutralidad climática y la estabilidad de los ecosistemas.

La economía circular funciona como el motor de arranque. Sin embargo, el objetivo 2050 es el destino final. Para llegar allí, necesitamos estrategias de descarbonización de mediados de siglo encaminadas a lograr emisiones netas cero, apoyadas por un precio mínimo del carbono que acelere el cambio industrial.

Además, es fundamental la contribución de Ecoembes a los ODS y de otros agentes del cambio como catalizadores inmediatos que permiten, paso a paso, acercarnos a esa meta lejana de la desmaterialización total de la economía.

¿En qué punto nos encontramos? Resiliencia y ciudadanía

La realidad es que vivimos en una sociedad acostumbrada a un sistema lineal de producción y consumo, con su consecuente derroche de recursos energéticos y materiales. Romper esta inercia es el gran reto del siglo.

El papel del consumidor empoderado

El cambio no vendrá solo de arriba hacia abajo. El informe recalca que todos estos cambios deben comunicarse efectivamente a la ciudadanía para hacerla partícipe del proceso. Los consumidores, cada vez más empoderados, tienen una capacidad inmensa de reducir sus residuos al mínimo mediante elecciones conscientes.

Acciones como reparar antes de tirar, elegir lo duradero antes de lo desechable, comprar artículos de segunda mano o separar la basura en casa son fundamentales para facilitar el reciclaje y reducir la presión sobre los recursos. La gestión de la demanda hacia una más autónoma y suficiente es una de las claves para minimizar la presión humana sobre el planeta.

Ciudades resilientes y salud ambiental

Finalmente, el camino hacia 2050 pasa por aumentar la resiliencia de las ciudades y las comunidades rurales frente a los efectos del cambio climático que ya son inevitables. Se propone diseñar una estrategia global de salud ambiental que haga frente a las amenazas relacionadas con la contaminación atmosférica y química.

El IEEP concluye con una advertencia clara: los políticos deben situar la sostenibilidad al principio de sus prioridades, reformando la fiscalidad y vinculando a la sociedad en este cambio de paradigma. Solo integrando la reducción, la reutilización y el reciclaje bajo un marco macroeconómico de crecimiento limpio podremos alcanzar esa meta de vivir bien dentro de los límites de nuestro único planeta.