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ESG: mucho más que un acrónimo
24/06/22 | Publicado por ecoembes

Acostumbrados a vivir en un mundo de siglas en mutación constante, a veces se puede tener la sospecha de que, tras este trasegar de acrónimos, se esconde un movimiento superficial sin trascendencia. No es así en el que nos ocupa: ESG. Veamos de entrada el significado de sus siglas en inglés. Primero lo evidente. Environmental, Social, Governance quiere decir que las empresas que incorporan ESG tienen en cuenta consideraciones ambientales, sociales y de gobernanza en sus procesos, inversiones y proyectos

Sin ánimo de exhaustividad, las consideraciones y criterios medioambientales suelen incluir la mitigación y adaptación al cambio climático, así como el medio ambiente en general, por ejemplo, la preservación de la biodiversidad, la prevención de la contaminación y, cada vez más, la economía circular.

Las consideraciones sociales no son menos amplias. Pueden referirse a cuestiones de desigualdad, código de conducta, trato de la diversidad e inclusión, relaciones laborales, inversión en capital humano y comunidades, así como cuestiones relacionadas con los derechos humanos.

Finalmente, la gobernanza se dirige temáticas específicas, como las estructuras de gestión, las relaciones con los empleados y la remuneración de los ejecutivos. Pero además posee un carácter transversal, ya que desempeña un papel decisivo a la hora de garantizar la inclusión de las consideraciones sociales y ambientales citadas en el proceso de toma de decisiones de la organización.

El compromiso y acción de ESG

En resumen, ESG es una voluntad de compromiso de la empresa con una serie de valores socioambientales, que se materializa en su propio funcionamiento cotidiano, así como en sus estrategias de futuro, y que debe traducirse en una ventaja competitiva así como en la cuenta de resultados.

Los criterios ESG suponen una evolución de la RSC (Responsabilidad Social Corporativa) que nació a finales del siglo XX a partir de la idea de que las empresas deben adoptar un compromiso ético y voluntario con el fin de para dirigir su actividad de manera sostenible, midiendo el impacto que sus acciones tienen sobre su entorno. En los primeros años del siglo XXI las grandes corporaciones adoptan la RSC masivamente y se crean los primeros índices globales de sostenibilidad que vinculan el valor de las compañías a su grado de compromiso. La RSC aparece fuertemente vinculada a la reputación de la empresa y a la mejora de sus marcas.

El cambio hacia ESG se produce por razones sistémicas y complejas, pero fácilmente reconocibles. En estas dos décadas se han producido crisis económicas, sociales y sanitarias con impactos muy profundos. La situación climática ha evolucionado hacia un grado de conciencia y de acción inimaginable en los años 90 que demanda medidas muy concretas a gobiernos y empresas.

Los riesgos para las compañías se han incrementado notablemente con el crecimiento de la incertidumbre. Se podría afirmar que ESG supone una amplificación y a la vez una profundización de los ámbitos de actuación de la RSC, acorde con el aumento de la complejidad de los retos globales.

La existencia de grandes marcos como los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el Pacto Verde Europeo, las estrategias nacionales de sostenibilidad y de circularidad, o los compromisos climáticos, entre otros, son también factores que contribuyen a la adopción de ESG.

Si RSC fue en su momento un acto de singularización, ESG es hoy un acto de normalización.

Alta adaptabilidad

Otra característica distintiva de ESG frente a RSC es su permeabilidad a todas las instancias de la compañía: desde dirección hasta el último departamento. ESG presenta también una alta adaptabilidad a los últimos cambios como, por ejemplo, la irrupción de la cultura Woke, con su elevada sensibilidad sobre les desigualdades y las opresiones que sufren distintas minorías; el empoderamiento de los clientes; la gestión del liderazgo y el talento; la necesidad constante de upskilling y reskilling de los empleados para afrontar la transición digital, la automatización y otros retos de la industria 4.0; o la creación de modelos de negocio circulares.

Hay otra forma de ver la relación de ESG y circularidad en la que el segundo componente se convierte en un factor determinante para el primero. Lo ha dicho Mark Carney, antiguo gobernador del Banco de Inglaterra en el artículo Unlocking the value of the circular economy publicado por la Fundación Ellen MacArthur: “la economía circular es una parte esencial de la solución para cumplir con el cambio climático y ESG”.

Un buen enfoque ESG puede transformar los compromisos en beneficios para la compañía. Lo dice también Mark Carney: “Cada vez se reconoce más que ESG no solo puede identificar riesgos, sino también brindar crecimiento a largo plazo y generar nuevas fuentes de valor al invertir en actores que ofrecen soluciones y respuestas a los principales desafíos a los que se que enfrenta la sociedad”.

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