A menudo utilizamos «emisiones» como un término paraguas, mezclando conceptos que, aunque relacionados, tienen impactos muy distintos. Por un lado, están los gases de efecto invernadero (como el carbono o el metano) causantes del calentamiento global. Por otro, está la contaminación atmosférica, provocada por contaminantes atmosféricos que respiramos directamente y que extienden la huella ecológica humana mucho más allá del cambio climático.
Estos contaminantes producen efectos negativos directos sobre la salud de las personas, desde alteraciones pulmonares hasta problemas cardiovasculares graves.
Tipos de contaminantes atmosféricos
Para abordar el problema, primero debemos distinguir la naturaleza de estos agentes. La contaminación no es homogénea; varía desde gases invisibles hasta partículas microscópicas.
- Contaminantes primarios. Son aquellos emitidos directamente a la atmósfera. Entre ellos destacan el Amoniaco (NH3), el Monóxido de Carbono (CO), los óxidos de azufre (SOx) y las partículas en suspensión.
- Contaminantes secundarios. Se forman en el aire por reacciones químicas. El ejemplo más claro es el ozono troposférico (O3) —conocido como «ozono malo»—, que surge cuando los compuestos orgánicos volátiles (COV) entran en reacción con el calor.
Además, existen vectores peligrosos menos mediáticos como los Compuestos Orgánicos Volátiles no Metánicos (COVNM) y metales pesados como el mercurio.
Los principales contaminantes atmosféricos
Según el último informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA), la radiografía de la contaminación en Europa y España presenta luces y sombras muy marcadas.
El reto del Amoniaco (NH3) en España
Mientras la mayoría de Europa (22 Estados miembros) reduce sus emisiones, España es el estado de la UE que ha registrado un mayor aumento en las emisiones de amoniaco, junto con Croacia, Dinamarca y Alemania. La causa es estructural y apunta a un sector concreto: el aumento en el consumo de fertilizantes y el crecimiento de las cabezas de ganado. Claramente, la agricultura es el sector más perjudicial para este contaminante.
La caída del Óxido de Nitrógeno (NOx) y Azufre (SOx)
No todo son malos datos. España ha logrado reducir drásticamente otros contaminantes históricos gracias a la reconversión industrial:
- Óxidos de Nitrógeno (NOx). Cayeron un 60% entre 1990 y 2018. Esta mejora se debió principalmente al cierre de minas de lignito y a la adaptación tecnológica de las centrales térmicas. A pesar de la mejora, el transporte por carretera sigue siendo el mayor emisor de NO2.
- Óxidos de Azufre (SO2). Se han rebajado un 92% desde 1990, posicionando a España, junto a Reino Unido y Polonia, como uno de los mayores contribuyentes a este cambio positivo.
¿Qué otros residuos y prácticas contaminan el aire?
Más allá de los tubos de escape y las granjas, existen fuentes de contaminación difusa. En términos generales, el sector comercial, institucional y residencial es el más contaminante de la Unión Europea.
- Procesos Industriales y uso de productos. Son los mayores responsables de la emisión de plomo, Bifenilos Policlorados (PCB) y compuestos orgánicos volátiles (que dan lugar a los picos de ozono).
- Producción Eléctrica. Históricamente ligada a las emisiones de azufre, aunque ha reducido su impacto.
Impacto en la salud: el estudio del European Heart Journal
El peligro de estos compuestos no es solo ambiental. Un estudio del European Heart Journal publicado en 2019 reveló datos alarmantes: la contaminación del aire causa 8,8 millones de muertes anuales a nivel global. Esta cifra supera a las muertes derivadas del tabaco (7,2 millones según la OMS en 2015).
Los investigadores aseguran que, mientras fumar es opcional, respirar aire contaminado no lo es. En Europa, esto se traduce en la muerte prematura de unas 800.000 personas cada año. Sorprendentemente, el mayor impacto no es respiratorio, sino cardiovascular: los problemas de corazón suponen casi el doble de muertes que las afecciones pulmonares.
Acciones para reducir los contaminantes atmosféricos
La evidencia científica exige acciones sectoriales que vayan a la raíz del problema:
- Reforma Agrícola. Dado que el amoniaco sube por los fertilizantes y el ganado, es urgente optimizar la gestión de residuos en el campo español.
- Movilidad Limpia. El transporte por carretera es el rey del NOx y el segundo responsable del monóxido de carbono y polvos químicos.
- Regulación Industrial. El éxito en la reducción de SOx y NOx demuestra que la normativa funciona. La adaptación de centrales térmicas y leyes como la Ley 34/2007 de calidad del aire han sido claves para introducir técnicas de reducción de emisiones.