El cambio climático es la alteración sostenida, durante décadas o más, de los patrones del clima de la Tierra: temperaturas, lluvias, estaciones y frecuencia e intensidad de fenómenos extremos. No se trata de “un verano caluroso” o de un año con más tormentas, sino de una tendencia de fondo que modifica cómo funciona el sistema climático en distintas regiones del planeta.
En las últimas décadas, ese cambio se ha acelerado por el aumento de gases de efecto invernadero derivados de la actividad humana. Por eso, cuando hablamos de qué es el cambio climático, también hablamos de energía, industria, agricultura, uso del suelo y del modelo de consumo que sostiene nuestras economías.
¿Cuál es la relación entre el cambio climático, el calentamiento global y el efecto invernadero?
Para entender el fenómeno con claridad conviene diferenciar tres conceptos que suelen mezclarse. Están conectados, pero no significan lo mismo: el efecto invernadero es el mecanismo, el calentamiento global es la consecuencia directa del refuerzo de ese mecanismo, y el cambio climático es el conjunto de transformaciones (no solo de temperatura) que se derivan de ese calentamiento.
- El efecto invernadero es un proceso natural: ciertos gases presentes en la atmósfera (como el CO₂, el metano o el vapor de agua) retienen parte del calor que recibe la Tierra y evitan que se pierda por completo hacia el espacio. Gracias a ese “abrigo” el planeta mantiene una temperatura compatible con la vida tal y como la conocemos. El problema aparece cuando incrementamos rápidamente la concentración de esos gases, porque el “abrigo” se vuelve demasiado grueso y el sistema acumula energía extra.
- El calentamiento global, es decir, el aumento de la temperatura media del planeta provocada por la acumulación extra de energía causada por el efecto invernadero.
- El cambio climático es un concepto más amplio. Incluye el calentamiento global, pero también cambios en las precipitaciones, la disponibilidad de agua, el estado de los océanos, el deshielo, la subida del nivel del mar y la intensificación de eventos extremos.
Resumiendo de forma sencilla, el calentamiento global es el síntoma principal (temperatura), mientras que el cambio climático es el cuadro completo (impactos y reajustes del sistema).
Causas del cambio climático
Las causas del cambio climático actuales son mayoritariamente humanas. La principal está relacionada con el uso de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) para generar electricidad, mover el transporte y alimentar procesos industriales. Cuando se queman, liberan dióxido de carbono (CO₂) y otros gases de efecto invernadero que se acumulan en la atmósfera. Ese CO₂ no desaparece de un día para otro: permanece durante mucho tiempo, lo que hace que el calentamiento sea un problema persistente y acumulativo.
A la energía se suman otros factores igual de relevantes. La deforestación y los cambios de uso del suelo (por ejemplo, convertir bosques en zonas agrícolas o urbanas) tienen un doble impacto: por un lado liberan CO₂ almacenado en árboles y suelos; por otro, reducen la capacidad natural de esos ecosistemas para capturar carbono. Es como si abriéramos el grifo de las emisiones mientras, a la vez, quitamos parte del desagüe que podía absorberlas.
La agricultura y la ganadería también desempeñan un papel importante. La ganadería emite metano, un gas de efecto invernadero muy potente, y el uso intensivo de fertilizantes puede aumentar emisiones de óxido nitroso. Son fuentes distintas al CO₂, pero igualmente relevantes porque calientan la atmósfera y, en conjunto, empujan al sistema climático fuera de sus rangos habituales.
Por último, existen gases industriales como los gases fluorados, que se utilizan en determinados equipos y procesos. Aunque se emiten en menor cantidad, pueden tener un poder de calentamiento muy elevado. Por eso, además de reducir CO₂, es crucial actuar sobre metano, óxido nitroso y estos gases, especialmente mediante prevención de fugas, mejora tecnológica y sustitución por alternativas menos impactantes.
Consecuencias del cambio climático
Las consecuencias del cambio climático ya se reflejan en múltiples sistemas y, lo más relevante, se encadenan entre sí. El calentamiento del planeta afecta al hielo, al agua, a los suelos, a los océanos y a la biodiversidad; y esos cambios, a su vez, impactan en la economía, la salud y la seguridad de las personas.
- Deshielo y subida del nivel del mar: el deshielo de glaciares y zonas polares, junto con el aumento del nivel del mar, eleva el riesgo de inundaciones y erosión costera, presiona infraestructuras en áreas litorales, puede desplazar comunidades y debilita ecosistemas costeros que funcionan como barreras naturales.
- Océanos más cálidos y ecosistemas marinos bajo estrés: al absorber gran parte del exceso de calor, los océanos se calientan y alteran sus corrientes y condiciones. Esto estresa hábitats clave, puede cambiar la distribución de especies, afectar pesquerías y reducir la resiliencia de ecosistemas ya dañados por contaminación y sobreexplotación.
- Fenómenos extremos más intensos en tierra: aumentan la frecuencia e intensidad de olas de calor, se agravan sequías, se complican los incendios y se registran lluvias torrenciales que incrementan el riesgo de inundaciones. En la práctica, esto afecta a la disponibilidad de agua, la productividad agrícola y la estabilidad de infraestructuras y cadenas de suministro.
- Impactos en salud, biodiversidad y seguridad alimentaria: el calor extremo incrementa la mortalidad y agrava enfermedades cardiovasculares y respiratorias; además, en determinadas condiciones se amplían ventanas de transmisión de algunas enfermedades y crecen riesgos ligados a la calidad del aire. A esto se suma la pérdida de biodiversidad y la degradación de ecosistemas, que reducen servicios esenciales (polinización, regulación del agua, fertilidad del suelo) y repercuten en la seguridad alimentaria.
¿Estamos a tiempo de parar el cambio climático?
Si por “parar” entendemos volver exactamente al clima del pasado, la triste verdad es que no es una meta realista a corto plazo. Pero si lo que buscamos es limitar el calentamiento, reducir riesgos y evitar los escenarios más dañinos, entonces sí: todavía hay margen de acción, aunque cada año que pasa sin recortes suficientes lo hace más difícil y más caro.
Aquí conviene separar dos enfoques complementarios.
Mitigación
Son las acciones para reducir las emisiones y aumentar la captura de carbono: energías renovables, eficiencia energética, electrificación, movilidad sostenible, reducción de metano, mejora de procesos industriales y cambios en el diseño de productos y sistemas. La clave aquí es clara: soluciones para el cambio climático no es sólo “cambiar bombillas”; es transformar cómo producimos, consumimos y gestionamos recursos.
Adaptación al cambio climático
Incluso recortando emisiones, parte del cambio ya está “en marcha”, así que hay que prepararse. Adaptarse significa reducir vulnerabilidad: planes frente a olas de calor, gestión eficiente del agua, infraestructuras resilientes, prevención de incendios, protección costera, agricultura adaptada y sistemas de alerta temprana. La adaptación al cambio climático es, en esencia, proteger vidas, economía y ecosistemas ante impactos que ya estamos viendo.
Para darle un enfoque coherente con TheCircularLab, es muy potente cerrar este bloque conectando mitigación con economía circular y diseño: el ecodiseño reduce impacto desde el origen (materiales, durabilidad, reparabilidad, eficiencia, reciclabilidad) y evita emisiones “invisibles” asociadas a extracción, fabricación y fin de vida.