Qué es el cambio climático global

16/04/2018

El cambio climático es la alteración sostenida, durante décadas o más, de los patrones del clima de la Tierra: temperaturas, lluvias, estaciones y frecuencia e intensidad de fenómenos extremos. No se trata de “un verano caluroso” o de un año con más tormentas, sino de una tendencia de fondo que modifica cómo funciona el sistema climático en distintas regiones del planeta.

En las últimas décadas, ese cambio se ha acelerado por el aumento de gases de efecto invernadero derivados de la actividad humana. Por eso, cuando hablamos de qué es el cambio climático, también hablamos de energía, industria, agricultura, uso del suelo y del modelo de consumo que sostiene nuestras economías.

¿Cuál es la relación entre el cambio climático, el calentamiento global y el efecto invernadero?

Para entender el fenómeno con claridad conviene diferenciar tres conceptos que suelen mezclarse. Están conectados, pero no significan lo mismo: el efecto invernadero es el mecanismo, el calentamiento global es la consecuencia directa del refuerzo de ese mecanismo, y el cambio climático es el conjunto de transformaciones (no solo de temperatura) que se derivan de ese calentamiento.

Resumiendo de forma sencilla, el calentamiento global es el síntoma principal (temperatura), mientras que el cambio climático es el cuadro completo (impactos y reajustes del sistema).

Causas del cambio climático

Las causas del cambio climático actuales son mayoritariamente humanas. La principal está relacionada con el uso de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) para generar electricidad, mover el transporte y alimentar procesos industriales. Cuando se queman, liberan dióxido de carbono (CO₂) y otros gases de efecto invernadero que se acumulan en la atmósfera. Ese CO₂ no desaparece de un día para otro: permanece durante mucho tiempo, lo que hace que el calentamiento sea un problema persistente y acumulativo.

A la energía se suman otros factores igual de relevantes. La deforestación y los cambios de uso del suelo (por ejemplo, convertir bosques en zonas agrícolas o urbanas) tienen un doble impacto: por un lado liberan CO₂ almacenado en árboles y suelos; por otro, reducen la capacidad natural de esos ecosistemas para capturar carbono. Es como si abriéramos el grifo de las emisiones mientras, a la vez, quitamos parte del desagüe que podía absorberlas.

La agricultura y la ganadería también desempeñan un papel importante. La ganadería emite metano, un gas de efecto invernadero muy potente, y el uso intensivo de fertilizantes puede aumentar emisiones de óxido nitroso. Son fuentes distintas al CO₂, pero igualmente relevantes porque calientan la atmósfera y, en conjunto, empujan al sistema climático fuera de sus rangos habituales.

Por último, existen gases industriales como los gases fluorados, que se utilizan en determinados equipos y procesos. Aunque se emiten en menor cantidad, pueden tener un poder de calentamiento muy elevado. Por eso, además de reducir CO₂, es crucial actuar sobre metano, óxido nitroso y estos gases, especialmente mediante prevención de fugas, mejora tecnológica y sustitución por alternativas menos impactantes.

Consecuencias del cambio climático

Las consecuencias del cambio climático ya se reflejan en múltiples sistemas y, lo más relevante, se encadenan entre sí. El calentamiento del planeta afecta al hielo, al agua, a los suelos, a los océanos y a la biodiversidad; y esos cambios, a su vez, impactan en la economía, la salud y la seguridad de las personas.

¿Estamos a tiempo de parar el cambio climático?

Si por “parar” entendemos volver exactamente al clima del pasado, la triste verdad es que no es una meta realista a corto plazo. Pero si lo que buscamos es limitar el calentamiento, reducir riesgos y evitar los escenarios más dañinos, entonces sí: todavía hay margen de acción, aunque cada año que pasa sin recortes suficientes lo hace más difícil y más caro.

Aquí conviene separar dos enfoques complementarios.

Mitigación

Son las acciones para reducir las emisiones y aumentar la captura de carbono: energías renovables, eficiencia energética, electrificación, movilidad sostenible, reducción de metano, mejora de procesos industriales y cambios en el diseño de productos y sistemas. La clave aquí es clara: soluciones para el cambio climático no es sólo “cambiar bombillas”; es transformar cómo producimos, consumimos y gestionamos recursos.

Adaptación al cambio climático

Incluso recortando emisiones, parte del cambio ya está “en marcha”, así que hay que prepararse. Adaptarse significa reducir vulnerabilidad: planes frente a olas de calor, gestión eficiente del agua, infraestructuras resilientes, prevención de incendios, protección costera, agricultura adaptada y sistemas de alerta temprana. La adaptación al cambio climático es, en esencia, proteger vidas, economía y ecosistemas ante impactos que ya estamos viendo.

Para darle un enfoque coherente con TheCircularLab, es muy potente cerrar este bloque conectando mitigación con economía circular y diseño: el ecodiseño reduce impacto desde el origen (materiales, durabilidad, reparabilidad, eficiencia, reciclabilidad) y evita emisiones “invisibles” asociadas a extracción, fabricación y fin de vida.